La demencia es un proceso de deterioro que daña poco a poco las células del cerebro. Aunque algunos afirman que si viviéramos lo suficiente nuestro cerebro se dañaría, otros aseguran lo contrario. Existen varios tipos de demencia, la más conocida: la enfermedad de Alzheimer que en su forma típica daña nuestra capacidad para recordar información reciente, pero otras demencias afectan diferentes funciones como nuestra habilidad para hablar, pueden hacer que cambie nuestro comportamiento o alterar nuestros movimientos motores.

Comparacion Cerebro Saludable vs Alzheimer

Comparacion Cerebro Saludable vs Alzheimer

A pesar de la variedad de demencias que dañan de diferentes formas nuestro cerebro, contamos con algunos tips para saber cuándo debemos preocuparnos. Un punto central que podemos utilizar como guía es la presencia de un cambio importante en las capacidades de nuestro abuelo que afecta negativamente el desarrollo de sus actividades rutinarias.

En primer lugar, cuando hablamos de un cambio en capacidades puede ser, por ejemplo, recordar información, hablar, nombrar objetos, controlar el propio comportamiento, entre otros; pero esos cambios deben alterar el desarrollo de actividades diarias. Este último punto no puede perderse de vista. Si bien en algún momento de nuestra vida olvidamos citas, llevar documentos a la oficina o dar un recado; eso no es igual a tener una demencia. Lo que hace que esos cambios puedan hacer parte de un proceso demencial es que la frecuencia de aparición y la gravedad de ellos nos impidan realizar las tareas que hacemos a diario y que nos permiten valernos por nosotros mismos.

Por otro lado hablamos de un proceso de deterioro que progresa con el tiempo, en otras palabras, los cambios no aparecen de un momento para otro sino que son pocos y leves al inicio pero, al pasar los años, se vuelven más usuales y la gravedad es mayor. Por ejemplo, si habláramos solo de la memoria como en la demencia tipo Alzheimer, nuestro abuelo inicialmente puede olvidar la noticia que leyó en el periódico la semana pasada o el mensaje que debía darle a su hija hace 2 días y, con el paso del tiempo, podría olvidar si desayunó ese día, si ya tomó su medicamento o que su esposo murió hace 2 años.

Debemos tener en cuenta que hay varios factores que pueden generar esos cambios y no necesariamente se trata de una demencia, es decir, que estos pueden hacer parte de situaciones hasta cierto punto reversibles. En esos casos hablaríamos, por ejemplo, de una baja cantidad en el cuerpo de sustancias como vitaminas o cambios en el estado de ánimo.

Es importante que aprendamos a ser investigadores de estos cambios en nuestros abuelos, es claro que envejecer hace que nos volvamos un poco más lentos en algunas tareas o que olvidemos datos particulares; pero debemos estar alerta si estos afectan la funcionalidad e independencia de nuestro abuelo.

Nathalia Rodríguez Suárez
Estudiante Doctorado en Bioética – (Universidad El Bosque)
Máster en Psicología (c) – Universidad Nacional de Colombia
Psicóloga – Universidad Surcolombiana
Mail: nathalia.rodriguez.suarez@gmail.com